Sentado entre las telas con columna de madera frente a un rectángulo dónde se expanden frases e imágenes constantemente, que no deja que tu pensar cerebro se entretenga consigo mismo en el sosiego de la tarde, el de Portoplano repensaba si habría servido de algo, si quedaría algo de los miles de conceptos y preguntas que había lanzado al aire.
