En Ceuta hay cosas que parecen no cambiar nunca, y una de ellas es la eterna espera para que los ascensores de acceso a las playas estén operativos. Este año, como tantos otros, la historia se repite: puertas cerradas, botones inútiles y, detrás, personas que ven cómo algo tan básico como llegar a la arena se convierte en una carrera de obstáculos.