Es inaceptable que un lugar de prestigio y simbolismo como San Mamés se preste a ovacionar a un individuo que ha enarbolado el símbolo de ETA en el Everest. Estamos hablando de un homenaje a un sinvergüenza que decidió manchar la cima del mundo con la ikurriña ligada a un grupo terrorista que causó dolor, muerte y sufrimiento en España. Ovacionar a una persona que llevó el símbolo de unos asesinos sin escrúpulos no es solo un insulto a las víctimas, sino una afrenta a todos los que valoran la democracia y la paz.
