Ha tenido que ocurrir una catástrofe para que, por fin, veamos a todas las administraciones remando en la misma dirección. El trágico accidente de tren en la zona de Adamuz, con 42 personas fallecidas, ha sacudido conciencias y ha obligado a dejar a un lado siglas, reproches y cálculos políticos. Demasiado dolor para algo que debería ser normal.