La muerte de Antonio Tejero cierra un capítulo incómodo de nuestra historia reciente, pero no apaga el debate. Para muchos será siempre el hombre del tricornio y el “¡Quieto todo el mundo!”; para otros, una pieza más de un engranaje mucho más grande. Con el paso del tiempo, la figura se desdibuja y aparece una pregunta incómoda: ¿fue únicamente el villano de la película o también un hombre empujado, manipulado y utilizado por intereses que lo superaban?