Las guerras modernas ya no solo se libran en la superficie. Bajo tierra también se construyen estrategias para resistir, esconder armas y prolongar los conflictos. Lo vimos durante años en la red de túneles de Gaza y las informaciones sobre infraestructuras militares subterráneas alrededor de Tehran apuntan a que ese modelo forma parte de una lógica de confrontación permanente. Cuando los dirigentes convierten sus países en fortalezas de guerra, quienes terminan atrapados son siempre los mismos: los civiles.