Una vez más, Alberto Gaitán se sienta en una reunión para “abordar” la reubicación de los menores migrantes. Y una vez más, todo apunta a lo mismo: palabras, promesas y postureo político. Es casi un ritual: se anuncian encuentros, se sacan las fotos de rigor y se redactan comunicados llenos de frases huecas. Pero al final del día, los menores siguen donde estaban y los problemas siguen sin resolverse.