Las rebajas tienen algo de fiesta colectiva: escaparates con porcentajes imposibles y la sensación de que, por una vez, comprar es ganar. Lo bueno es evidente: precios más bajos, oportunidad de renovar básicos y ese alivio al bolsillo cuando el descuento es real. Para muchas familias, además, es el momento de planificar compras necesarias que en otra época se harían cuesta arriba.