En los últimos años, los ciberdelitos han dejado de ser cosa de películas o de expertos en informática para convertirse en un problema muy real y muy cotidiano. Estafas por mensajes, suplantaciones de identidad, robos de datos bancarios… La lista es larga y, lo peor, cada vez más frecuente. El índice de criminalidad vinculado a internet no para de crecer, y eso debería encender todas las alarmas en el Gobierno.