Lo que se describe sobre las instalaciones de Servilimpce, no retrata una empresa pública del siglo XXI, sino un escenario impropio, precario y humillante para cualquier trabajador. No se puede hablar de dignidad laboral mientras la plantilla soporta caracolas provisionales, goteras, enchufes por los que entra agua cuando llueve, vestuarios con elementos punzantes y espacios que, lejos de proteger, ponen en riesgo a quienes cada día sostienen un servicio esencial para la ciudad.