La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha afirmado recientemente que "no podemos dejar solas a Canarias, Ceuta y Melilla". Esta declaración, a simple vista, parece bien intencionada y muestra una preocupación del gobierno central por territorios que, efectivamente, viven situaciones complejas debido a su ubicación geográfica y a los flujos migratorios. Sin embargo, al analizar estas palabras con detenimiento, surge una pregunta inevitable: ¿solas? ¿Cómo puede el gobierno decir que no puede "dejarlas solas" si, precisamente, es el gobierno el principal responsable de su gestión y protección?
