En Ceuta siempre hemos tenido la sensación de que no todos juegan con las mismas cartas. Y no hablamos de casualidades ni de falta de capacidad, sino de ese amiguismo que, por desgracia, sigue marcando la diferencia entre quienes tienen carta blanca para hacer y deshacer a su antojo y quienes, aun queriendo trabajar, se encuentran con muros por todas partes. Es la eterna historia de los que cuentan con el beneplácito de los despachos frente a los que cargan con trabas injustificadas.