Si tienes mascota y te atreves a viajar con Trasmediterránea, más vale que te armes de paciencia… y de nervios de acero. Lo que debería ser una experiencia tranquila, se convierte en un auténtico suplicio entre trabas, normas absurdas y un trato que deja bastante que desear. Muchos dueños de animales han denunciado la falta de empatía y la rigidez de una compañía que parece no entender que, para muchos, las mascotas son parte de la familia.