Los rocieros de la Casa Regional de Ceuta en Melilla también hicieron el camino rociero en una tarde que comenzó en la Iglesia de Santa María Micaela, donde se congregaron centenares de melillenses. Allí, entre sevillanas y cantes al compás de una guitarra y un cajón, tuvo lugar la tradicional misa rociera, que dejó muy pendientes y animados a todos los presentes en el templo.
Los rocieros de la Casa Regional de Ceuta en Melilla también hicieron el camino rociero en una tarde que comenzó en la Iglesia de Santa María Micaela, donde se congregaron centenares de melillenses. Allí, entre sevillanas y cantes al compás de una guitarra y un cajón, tuvo lugar la tradicional misa rociera, que dejó muy pendientes y animados a todos los presentes en el templo.
Tras los cultos, los hermanos de la Cofradía, ayudados por muchos devotos de la ciudad, sacaron el ‘simpecado’ de la Virgen del Rocío para subirla a su bonita carreta blanca.
De esta forma, con la salida del Simpecado, se dio por iniciada la Romería de Melilla, con la presencia de centenares de personas en la que se encontraba un nutrido grupo de la Casa regional de Ceuta en Melilla que arropó a al Simpecado en una peregrinación que se inició desde el barrio de Victoria hasta los pinares de Rostrogordo.
Como hacía ya años, los ceuties-melillenses han realizado su particular Romería del Rocío. Una tradición que la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Cautivo y María Santísima del Rocío junto la Viceconsejería de Festejos ha decidido recuperar tras casi una veintena de años después de que se perdiera, y cuyo hábito es iniciar la peregrinación junto el Sinpecado del Rocío la tarde previa a la celebración y pernoctar en los pinares de Rostrogordo.
Fueron muchos los socios de la Casa regional de Ceuta que rescataron sus trajes rocieros, otros se lo elaboraron para la ocasión, pero en casi todos, predominaron los colores blanco y negro como la bandera de Ceuta. Todos iban juntos a la carreta rociera, carreta que representaba a la entidad regional y que lucía sus mejores galas ya que estaba totalmente restaurada.

Con música por sevillanas, rumbas, palmas y bailes se inició el camino con muy buen ambiente entre los socios de la Casa en el que la manzanilla, los buenos embutidos ibéricos y unos bollitos preñados hicieron el largo camino nocturno mucho más ameno hasta llegar a los pinares donde se le cantó una Salve Rociera.
Una vez en los pinares, con una noche de verano, espectacular, en el acotado con el que contaba la Casa regional de Ceuta en Melilla, se agasajó con una cena rociera para acariciar paladares a todos esos socios que hicieron el camino rociero que fueron más de cincuenta personas.
Los más atrevidos pernoctaron esa noche allí junto la carreta y los que no, les dieron más de las cuatro de la madrugada. Los vivas a la Virgen del Rocio no dejaron de sonar durante toda la noche.





