Hoy casi nadie se atreve a hablar y menos a escribir y menos a reflexionar sobre las penas de la vida y de la existencia que todo ser humano en mayor o menor medida aguanta y soporta. Es como si ignorásemos la muerte. Hay que intentar sobrellevar, erradicar, reducir las penas de la vida, pero hay que saber, que un día te tocará una y otro día, te tocará otra. Por consecuencia, creo que es más racional, con más sentido común teorizarlas y de ese modo superarlas mejor o de sobrellevarlas de forma más adecuada.
