Seguramente estas palabras no tengan tantas reacciones como las que han suscitado mis últimas declaraciones, declaraciones que han despertado distintas versiones del ser humano, pero creo que no sería ético para mí si no gritara al mundo y, sobre todo, si no no exigiera a quienes tienen la responsabilidad de hacerlo, un pacto urgente contra el terrorismo de género. Que a día de hoy tengamos que seguir pidiendo una serie de medidas para luchar contra la violencia machista responde únicamente a la vergüenza de una sociedad que no ha sabido entender que la desigualdad no es casual ni algo puntual.
