En Olivenza, Extremadura, el 23 de enero de 1949, en una especie de albergue, donde se repartía gratuitamente comida a niñas, se multiplicó el arroz. Fue aprobado este milagro oficialmente en 1974 para la canonización del beato Juan Macías.
En Olivenza, Extremadura, el 23 de enero de 1949, en una especie de albergue, donde se repartía gratuitamente comida a niñas, se multiplicó el arroz. Fue aprobado este milagro oficialmente en 1974 para la canonización del beato Juan Macías.
Este pasado domingo 12 de agosto se cumplió 130 años de la fundación de la Unión General de Trabajadores de España en 1888 en Barcelona.
“Y arribaron a tierra de los gadarenos, que está en la rivera opuesta a Galilea…” “y Jesús le preguntó, ¿Cómo te llamas? Y él dijo: Legión, porque somos muchos”.
Llevo un tiempo observando la actitud de quienes durante todos estos años que han estado gobernando se han recreado con la herencia de Zapatero, culpándole de todas las medidas restrictivas que tenían que emprender y mintiendo en determinados aspectos que acabaron calando en la gente que se suele conformar con los dogmas de fe.
Sí, en contra del burkini cuando alguien te obliga a llevarlo, cuando no eres feliz con él y sobre todo en contra de que se utilice como instrumento político discriminatorio para lograr aplausos de los sectores más radicales de la ciudad. Las mujeres que hoy utilizan el burkini representan, en contra de lo que piensan muchos, al sector más revolucionario y valiente, igual que hicieron otras mujeres cuando se pusieron el bikini.
Un niño pregunta a su padre, “¿papá, por qué se baña esa mujer vestida?”. Esta escena, que se ha convertido en bastante familiar, pone en apuros a más de un padre a la hora de responder. Tanto en las playas como en el Parque Marítimo, el burkini se ha convertido en elemento cotidiano del paisaje veraniego ceutí, contrastando con un símbolo de liberación de la mujer como es el bikini.
No es nada novedoso que el Partido Popular siempre utilice propagandísticamente las barriadas de nuestra ciudad con un fin claramente electoralista. De hecho, sabemos de sobra y por experiencia que la única manera para que el Ejecutivo Local se acuerde de que Ceuta no acaba en el Puente Cristo, es que se acerquen las elecciones municipales, es decir, cada cuatro años (a la vuelta de la esquina).