En un país donde la convivencia debería ser el pilar fundamental de la sociedad, es preocupante escuchar a ciertos líderes políticos insistir en una armonía que claramente no existe. Vivas, en su afán por proyectar una imagen de unidad, parece ignorar o, peor aún, minimizar la realidad palpable de una profunda división social. Esta fractura, lejos de ser un secreto, es algo que todos conocemos, aunque muchos prefieran disimularla para evitar enfrentarse a las complejidades de la verdadera cohesión social.