La luz de la Resurrección inunda las calles en una jornada de fe y emoción
Religión
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La ciudad despertó vestida de fiesta, con ese aire especial que solo trae el Domingo grande de la Semana Santa. La luz, limpia y generosa, caía sobre las calles mientras los primeros sonidos de cornetas y tambores comenzaban a abrir paso a una jornada esperada durante todo un año. Había ganas, se notaba en las miradas, en los saludos apresurados y en esa emoción contenida que solo entiende quien siente lo cofrade.

La ciudad despertó vestida de fiesta, con ese aire especial que solo trae el Domingo grande de la Semana Santa. La luz, limpia y generosa, caía sobre las calles mientras los primeros sonidos de cornetas y tambores comenzaban a abrir paso a una jornada esperada durante todo un año. Había ganas, se notaba en las miradas, en los saludos apresurados y en esa emoción contenida que solo entiende quien siente lo cofrade.

Desde mucho antes de la salida, los alrededores del templo ya eran un hervidero. Familias enteras buscaban su sitio, niños encaramados a los hombros y mayores recordando estampas de otros años. Cuando las puertas se abrieron, el murmullo se hizo silencio, y ese instante —breve pero eterno— volvió a demostrar que la Semana Santa no se explica: se vive.

Resucitado 1

La primera levantá llegó cargada de simbolismo. Los costaleros, reunidos bajo el paso, escucharon la voz firme del capataz que, con pocas palabras, fue capaz de encender el corazón de todos. El golpe seco del llamador marcó el inicio, y el paso se alzó con elegancia, como si flotara entre aplausos y suspiros.

Las chicotás se fueron sucediendo con ese compás medido que mezcla esfuerzo y belleza. Cada avance era un diálogo entre el paso y la calle, entre quienes lo portan y quienes lo contemplan. No faltaron dedicatorias emocionadas, levantás al cielo por los que ya no están y otras por quienes, año tras año, siguen sosteniendo la tradición.

Resucitado 2

Las marchas procesionales pusieron banda sonora a una mañana inolvidable. Sonaron piezas clásicas, de esas que erizan la piel, y otras más alegres que arrancaban sonrisas entre el público. Cada nota parecía acompañar el andar del paso, marcando el ritmo de un sentimiento que iba creciendo a cada metro recorrido.

El público respondió como solo sabe hacerlo esta tierra: con respeto, con pasión y con ese saber estar que convierte cada esquina en un pequeño altar. Hubo aplausos contenidos, lágrimas discretas y también vivas que rompían el silencio cuando la emoción desbordaba cualquier protocolo.

Resucitado 3

En algunos puntos del recorrido, las chicotás se hicieron especialmente intensas. El paso se recreaba, se mecía con suavidad, y los costaleros sacaban fuerzas de donde parecía no haberlas. El capataz, atento a cada detalle, guiaba con maestría esos momentos en los que el tiempo parecía detenerse.

Y así, entre sol, música y devoción, la procesión fue escribiendo una nueva página en la memoria colectiva. Porque más allá del recorrido o de las horas, lo que queda es ese sentimiento compartido, esa forma única de entender la fe y la tradición. Cuando todo termina, solo queda una certeza: la espera ya ha comenzado de nuevo.

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Resucitado 13

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Ceuta, Lunes 31 de Agosto del 2026

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