La Real y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora del Mayor Dolor volvió a recorrer este Viernes Santo las calles de Ceuta en una de las procesiones más esperadas y sobrecogedoras de la Semana Santa ceutí, que conmemoró además el ochenta aniversario de la aprobación de sus primeros estatutos.
La Real y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Buena Muerte y Nuestra Señora del Mayor Dolor volvió a recorrer este Viernes Santo las calles de Ceuta en una de las procesiones más esperadas y sobrecogedoras de la Semana Santa ceutí, que conmemoró además el ochenta aniversario de la aprobación de sus primeros estatutos.
Con la sobriedad que la caracteriza y el recogimiento propio de su estilo, la cofradía partió puntual a las 18.30 horas desde la parroquia de Los Remedios, una de las más antiguas de la ciudad, para iniciar un recorrido que desafía la resistencia de costaleros y capataces, pero que regala momentos de intensa emoción a todos los que se agolpan en las aceras para contemplarla.
El Santísimo Cristo de la Buena Muerte, obra de Francisco Buiza Castrillo Lastrucci de 1948, avanzó con paso firme bajo el acompañamiento sobrio de la Banda de Cornetas y Tambores ‘Alfonso X el Sabio’, de El Puerto de Santa María. Tras Él, la Virgen del Mayor Dolor —una dolorosa del insigne escultor Juan Astorga, fechada en 1828— cruzó la ciudad sobre su paso restaurado con mimo este año, con las bambalinas frontales remozadas y una corona que volvió a relucir con esplendor. La Banda de Música Ciudad de Ceuta envolvió de dulzura el andar de la Madre, en una conjunción perfecta de arte, fe y devoción.
La Carrera Oficial, prevista a las 21.30 horas, es un mar de silencio roto solo por las marchas procesionales y el roce de los cirios en el asfalto. Las miradas emocionadas se clavan en la cruz del Señor y en los ojos dolientes de la Virgen, que parecen hablar a cada ceutí desde lo más profundo de su corazón. A las 22.10, el cortejo abandona la Carrera Oficial para continuar por las calles del centro, hasta regresar, pasadas las 00.30 horas, a su templo.
Los penitentes, vestidos de riguroso ruán negro y cíngulo de esparto, recordaban con su andar pausado la austeridad franciscana que distingue a esta hermandad. Muchos veteranos cofrades evocaban durante el recorrido aquellos tiempos en los que, por lo estrecho de la puerta de Los Remedios, las imágenes debían salir de rodillas. Una imagen que forma parte del imaginario colectivo de la Semana Santa ceutí.
Este año, además, la cofradía ha estrenado detalles que han sido especialmente valorados por los fieles: nuevos faldones para el paso del Cristo, guardabrisas, restauraciones en las pértigas de los inciensarios, el relicario del paso de la Virgen y la presencia renovada de los ángeles que la acompañan. Todo ello habla del esmero con que la hermandad cuida cada detalle, cada símbolo, cada signo.
Ocho décadas después de su fundación, la Buena Muerte y el Mayor Dolor siguen marcando uno de los momentos culminantes del Viernes Santo en Ceuta. Lo hacen con la fuerza de la tradición, la elegancia de sus pasos y una espiritualidad que cala hondo. La ciudad, como cada año, se rindió una vez más al paso majestuoso de esta cofradía que, más que procesionar, reza con el corazón en cada zancada.


