El Monte Hacho volvió a convertirse este sábado en el punto de encuentro de cientos de ceutíes que participaron en la tradicional romería de San Antonio, una de las celebraciones más arraigadas del calendario festivo local y que, un año más, combinó devoción, convivencia y recuerdos en una jornada marcada por el ambiente familiar y el apego a las costumbres.
El Monte Hacho volvió a convertirse este sábado en el punto de encuentro de cientos de ceutíes que participaron en la tradicional romería de San Antonio, una de las celebraciones más arraigadas del calendario festivo local y que, un año más, combinó devoción, convivencia y recuerdos en una jornada marcada por el ambiente familiar y el apego a las costumbres.
Desde primeras horas de la mañana, numerosos vecinos comenzaron a ascender hasta la ermita situada en el Hacho para tomar parte en una cita que, pese al paso del tiempo, continúa despertando un fuerte sentimiento de pertenencia entre varias generaciones. Entre los asistentes abundaban las conversaciones cargadas de nostalgia, con referencias a familiares ausentes y a épocas en las que la participación era aún más numerosa, una percepción compartida por algunos de los romeros más veteranos.
La jornada arrancó con la concentración de participantes en el entorno de San Amaro, desde donde partió la comitiva encabezada por el estandarte del santo. Paralelamente, las instituciones locales animaron a la ciudadanía a sumarse a una celebración para la que se habilitaron medidas especiales de transporte y un amplio dispositivo de seguridad integrado por efectivos de emergencias, fuerzas policiales y voluntarios, con el objetivo de garantizar el normal desarrollo de la festividad.

A medida que avanzaba la mañana, la afluencia de público fue creciendo hasta completar los aparcamientos de la zona. Bajo un sol moderado y acompañado por una agradable brisa, cientos de personas se congregaron en el patio de la ermita, donde tuvo lugar la tradicional eucaristía al aire libre. Muchos asistentes buscaron refugio bajo las carpas instaladas para la ocasión mientras aguardaban el inicio de la ceremonia religiosa.
La misa, celebrada al mediodía, contó con el acompañamiento musical del Coro del Rocío de Ceuta, que aportó un tono especialmente emotivo al acto mediante un repertorio de sevillanas rocieras. Frente al altar se reunieron fieles, representantes institucionales y autoridades civiles, militares y religiosas, reflejando el carácter integrador que cada año adquiere esta festividad.

Durante su homilía, el vicario general de Ceuta, Francisco Jesús Fernández Alcedo, destacó la figura de San Antonio como ejemplo de humildad, servicio y compromiso con los más necesitados. En su intervención, invitó a los asistentes a trasladar esos valores a la vida cotidiana mediante gestos de cercanía, compañía y solidaridad, especialmente en un contexto social marcado por las divisiones y la confrontación de ideas.
El sacerdote también subrayó la importancia de conservar las tradiciones populares como una forma de mantener viva la memoria colectiva y el legado transmitido entre generaciones. En ese sentido, recordó que celebraciones como la romería de San Antonio representan mucho más que una manifestación religiosa, al constituir un espacio de encuentro para la comunidad ceutí.

La ceremonia concluyó con uno de los momentos más esperados de la jornada: la bendición de los tradicionales panes de San Antonio, vinculados históricamente a las peticiones y promesas dirigidas al santo. Posteriormente, los asistentes acompañaron la imagen en procesión por los alrededores de la ermita, en un recorrido marcado por la participación popular y el ambiente festivo.
Al son del Himno de Ceuta, la romería puso su broche final dejando una imagen que se repite cada año y que sigue manteniendo intacto su significado para muchos vecinos: la de una ciudad que, entre la fe, la tradición y los recuerdos, vuelve a encontrarse alrededor de una de sus celebraciones más emblemáticas.









































