Mi Rincón
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Cerca de tres meses después de aquel fatídico 30 de julio, el Gobierno de Pedro Sánchez sigue sin saber cuántos inmigrantes permanecen en Ceuta, cuántos duermen en nuestras calles o en nuestros montes y, lo que es todavía peor, cuándo piensa devolver la normalidad a una ciudad que lleva demasiado tiempo pagando las consecuencias de su falta de reacción. Y ahora viene el ministro Ángel Víctor Torres a decirnos que la situación es "compleja" y que "no es fácil de resolver". ¡Menudo descubrimiento! Eso ya lo sabemos los ceutíes, que llevamos casi tres meses sufriendo las consecuencias de una crisis que el Ejecutivo central no ha sabido gestionar.

Cerca de tres meses después de aquel fatídico 30 de julio, el Gobierno de Pedro Sánchez sigue sin saber cuántos inmigrantes permanecen en Ceuta, cuántos duermen en nuestras calles o en nuestros montes y, lo que es todavía peor, cuándo piensa devolver la normalidad a una ciudad que lleva demasiado tiempo pagando las consecuencias de su falta de reacción. Y ahora viene el ministro Ángel Víctor Torres a decirnos que la situación es "compleja" y que "no es fácil de resolver". ¡Menudo descubrimiento! Eso ya lo sabemos los ceutíes, que llevamos casi tres meses sufriendo las consecuencias de una crisis que el Ejecutivo central no ha sabido gestionar.

Lo verdaderamente indignante es que seguimos con el mismo baile de cifras de siempre. Que si 11.225 retornos voluntarios, que si 531 expulsiones, que si 7.000 inmigrantes alojados en instalaciones habilitadas... Pero cuando llega la pregunta que realmente interesa, la de cuántas personas permanecen todavía en Ceuta, resulta que nadie tiene una respuesta. Y para colmo nos cuentan que están utilizando drones para localizar a quienes duermen en los montes. ¿De verdad hemos llegado a este punto? ¿Después de casi tres meses todavía estamos intentando averiguar la dimensión real del problema?

Y luego está la situación de los 3.019 menores filiados, de los que, según reconoce el propio ministro, ni uno solo ha sido retornado a Marruecos. Nadie discute que estamos hablando de menores que deben recibir protección y un trato digno, pero esa obligación no puede convertirse en la excusa perfecta para que el Gobierno se cruce de brazos. Hay que buscar soluciones legales, exigir la colaboración de Marruecos, estudiar cada situación y actuar. Lo que no se puede hacer es dejar que pase el tiempo mientras Ceuta soporta prácticamente en solitario una responsabilidad que corresponde afrontar al Estado.

Porque conviene recordar algo que parece haberse olvidado en los despachos de Madrid: esta crisis no cayó del cielo. Se produjo después de que Marruecos permitiera una entrada masiva de personas por nuestra frontera, y la respuesta del Gobierno español ha sido, a nuestro juicio, tan tardía como insuficiente. Cada comparecencia ministerial parece una repetición de la anterior, con algunas cifras actualizadas, muchas explicaciones y ninguna fecha concreta para recuperar la normalidad. Mientras tanto, los ceutíes seguimos esperando respuestas y soluciones que nunca terminan de llegar.

Ya está bien de marear la perdiz. Ceuta no necesita más reuniones para escuchar que la situación es complicada, ni ministros que vengan a recitar estadísticas como si estuvieran presentando un balance de gestión satisfactorio. Necesita decisiones, medios, un calendario creíble y un Gobierno que asuma de una vez sus responsabilidades. Porque lo que está ocurriendo no puede normalizarse, y mucho menos convertirse en un problema permanente para nuestra ciudad. Tres meses después, la pregunta sigue siendo la misma: ¿hasta cuándo tendremos que seguir pagando los ceutíes la factura de la incompetencia del Gobierno central?

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Ceuta, Jueves 15 de Octubre del 2026

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