Dos militares de 24 y 26 años han terminado evacuados desde Ceuta hasta el Gómez Ulla después de ser agredidos. Uno de ellos ha tenido que pasar por quirófano. Y volvemos a escuchar aquello de que, afortunadamente, ninguno reviste gravedad. Menos mal. Pero la pregunta empieza a ser otra: ¿qué tiene que ocurrir para que alguien diga de una vez que esto no puede seguir así? ¿Tenemos que esperar a que la próxima ambulancia llegue demasiado tarde?
Dos militares de 24 y 26 años han terminado evacuados desde Ceuta hasta el Gómez Ulla después de ser agredidos. Uno de ellos ha tenido que pasar por quirófano. Y volvemos a escuchar aquello de que, afortunadamente, ninguno reviste gravedad. Menos mal. Pero la pregunta empieza a ser otra: ¿qué tiene que ocurrir para que alguien diga de una vez que esto no puede seguir así? ¿Tenemos que esperar a que la próxima ambulancia llegue demasiado tarde?
Porque ya está bien de convertir lo intolerable en paisaje cotidiano. Militares, policías y guardias civiles están soportando agresiones mientras cumplen con su obligación y protegen a una ciudad sometida desde finales de julio a una presión extraordinaria. Quienes atacan a los hombres y mujeres que llevan un uniforme no pueden encontrar indiferencia, tibieza ni una interminable colección de comunicados de condena. Hace falta aplicar la ley con firmeza y garantizar que cada agresión tenga la respuesta judicial que corresponda.
Margarita Robles ha visitado a los dos militares y ha mostrado su apoyo. Bien hecho. Pero nuestros militares necesitan bastante más que palabras de ánimo cuando ya están tumbados en la cama de un hospital. Necesitan respaldo antes de que les rompan un hueso, antes de que tengan que ser evacuados y antes de que sus familias reciban esa llamada que nadie quiere recibir. Y quienes los mandan a trabajar sobre el terreno tienen la obligación de proporcionarles medios, protección y seguridad suficientes.
Ceuta no puede acostumbrarse a contar heridos. Ni podemos aceptar que una agresión termine pareciendo una simple incidencia dentro del parte diario. Quien haya entrado en España y responda con violencia contra quienes garantizan nuestra seguridad deberá responder por sus actos conforme a la ley y, cuando legalmente proceda, afrontar también las consecuencias que establezca la legislación de extranjería. Ni el origen de una persona puede servir para criminalizarla ni su condición de migrante puede convertirse en excusa alguna para una agresión.
Los dos militares evolucionan favorablemente y eso es lo importante hoy. Pero mañana habrá otros profesionales nuevamente en la calle. A ellos no les sirven los discursos pronunciados después de cada agresión. Les sirve saber que detrás del uniforme hay un Estado dispuesto a protegerlos mientras hacen su trabajo. Porque esperar a que ocurra algo verdaderamente irreparable para reaccionar no sería prudencia. Sería llegar demasiado tarde.