Europa ha hablado y esta vez lo ha hecho bastante claro. El Parlamento Europeo no ha despachado lo ocurrido en Ceuta los días 30 y 31 de julio como un problema migratorio más. Ha condenado los cruces masivos, ha hablado de instrumentalización de la inmigración como “herramienta de guerra híbrida”, ha reclamado reforzar nuestra frontera y ha vuelto a dejar algo por escrito que nunca debería necesitar recordatorio: Ceuta y Melilla son ciudades españolas y europeas y su soberanía está fuera de toda duda. A veces parece que desde Estrasburgo han entendido mejor la gravedad de lo sucedido que quienes tenían la responsabilidad directa de gestionar la crisis.
Europa ha hablado y esta vez lo ha hecho bastante claro. El Parlamento Europeo no ha despachado lo ocurrido en Ceuta los días 30 y 31 de julio como un problema migratorio más. Ha condenado los cruces masivos, ha hablado de instrumentalización de la inmigración como “herramienta de guerra híbrida”, ha reclamado reforzar nuestra frontera y ha vuelto a dejar algo por escrito que nunca debería necesitar recordatorio: Ceuta y Melilla son ciudades españolas y europeas y su soberanía está fuera de toda duda. A veces parece que desde Estrasburgo han entendido mejor la gravedad de lo sucedido que quienes tenían la responsabilidad directa de gestionar la crisis.
Y aquí el Gobierno de Pedro Sánchez tiene motivos para tomar nota. La resolución le reclama medidas urgentes para recuperar la normalidad en Ceuta, más seguridad, apoyo económico y un uso efectivo de los instrumentos europeos; además, recuerda que España tardó hasta el 28 de agosto en solicitar formalmente apoyo de Frontex, Europol y la Agencia de Asilo. Cuando una ciudad de poco más de 80.000 habitantes soporta una entrada de semejante magnitud, la respuesta no puede quedarse en explicaciones políticas ni en esperar que pase el temporal. Ceuta necesitaba decisiones rápidas entonces y sigue necesitando soluciones ahora.
Y Marruecos también debería leer la resolución de principio a fin. Ser socio estratégico de Europa no puede consistir únicamente en hablar de cooperación cuando las cosas van bien. El Parlamento Europeo exige a Rabat que cumpla sus compromisos en control fronterizo, identificación y readmisión, y advierte de que la financiación y el acceso preferente al mercado europeo deben estar ligados a una cooperación efectiva. Incluso plantea mecanismos para suspender y recuperar fondos cuando esa cooperación falle. Más claro, difícil.
También hay una cuestión que interesa especialmente a Ceuta: los retornos. Europa pide el regreso rápido y efectivo de quienes no tengan derecho a permanecer en territorio comunitario, incluidos los menores cuando legalmente proceda y siempre respetando el Derecho europeo e internacional. Y señala directamente a España y Marruecos para que colaboren en las readmisiones. No parece una petición extravagante: quien tenga derecho a protección deberá recibirla; quien no lo tenga deberá seguir el procedimiento establecido para regresar. Una frontera exterior de Europa necesita reglas y, sobre todo, necesita que esas reglas se cumplan.
Ahora toca que esta resolución no termine convertida en otro bonito documento guardado en un cajón de Bruselas. Sánchez y Marruecos tienen delante un mensaje político suficientemente claro para abandonar reproches, ambigüedades y cálculos diplomáticos y ponerse a trabajar. Ceuta ya ha soportado demasiado como para continuar esperando. Europa ha hablado. Ahora corresponde a Madrid y Rabat demostrar, con hechos y no con discursos, que también han escuchado.