El argumentario del PSOE se ha quedado tan huérfano de logros y tan vacío de dignidad que ahora recurren a la arqueología política para intentar tapar sus propias vergüenzas. Su último comodín discursivo es restregar, con tono de superioridad moral, que José María Aznar, durante todos sus años en La Moncloa, jamás realizó un viaje oficial a la ciudad de Ceuta. Y es cierto, es una verdad histórica innegable y un reproche institucional legítimo. Pero utilizar esa ausencia física como escudo para justificar el desastre y la claudicación actual es un insulto a la memoria y a la inteligencia de los ceutíes.
El argumentario del PSOE se ha quedado tan huérfano de logros y tan vacío de dignidad que ahora recurren a la arqueología política para intentar tapar sus propias vergüenzas. Su último comodín discursivo es restregar, con tono de superioridad moral, que José María Aznar, durante todos sus años en La Moncloa, jamás realizó un viaje oficial a la ciudad de Ceuta. Y es cierto, es una verdad histórica innegable y un reproche institucional legítimo. Pero utilizar esa ausencia física como escudo para justificar el desastre y la claudicación actual es un insulto a la memoria y a la inteligencia de los ceutíes.
Porque en política, la lealtad a una tierra no se mide por los billetes de helicóptero ni por los paseos en coche oficial, sino por la defensa de su soberanía. A Aznar se le podrá afear que no viniera a hacerse la foto de rigor junto a Juan Vivas, pero cuando la integridad territorial fue desafiada de forma grotesca por Marruecos en el islote de Perejil, no le tembló el pulso. No necesitó pisar las calles de Ceuta para ordenar una respuesta militar firme, restaurar el orden y dejarle sumamente claro al país vecino dónde estaban las líneas rojas que no se podían cruzar. Aquello, con sus luces y sombras, fue defensa del Estado.
Frente a esa firmeza, tenemos hoy el cinismo y la sobreactuación de Pedro Sánchez. Sí, los socialistas pueden sacar pecho: el señor Sánchez pasará a la historia como el presidente del Gobierno que más veces ha venido a Ceuta. Tiene el récord absoluto de visitas. Pero maldito sea ese récord, porque tristemente también es el presidente que más nos ha traicionado, vendido y humillado frente a las aspiraciones de Rabat.
Sus aterrizajes en nuestra tierra no han sido actos de apoyo real, sino un mero decorado, una cortina de humo para ocultar su vergonzosa sumisión a Marruecos. Sánchez viene a Ceuta a sonreír para la cámara mientras asume sin rechistar los chantajes fronterizos, regala la histórica postura sobre el Sáhara y normaliza las invasiones migratorias que han puesto a la ciudad al límite.
Prefiero mil veces a un presidente que defienda a Ceuta con firmeza desde un despacho en Madrid, aunque no venga a pasearse, que a uno que acumule récord de visitas solo para mirar a los ceutíes a los ojos mientras, por la espalda, negocia la entrega de nuestra dignidad. La traición, por muchos viajes que haga el Falcon, no se borra.