Editorial
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Hay momentos en los que las cifras dejan de ser simples estadísticas y se convierten en una llamada de auxilio. Lo ocurrido en Ceuta durante las últimas semanas es uno de ellos. Los 33 millones de euros de pérdidas calculados por la Cámara de Comercio dibujan una realidad que debería sacudir a todas las administraciones: el tejido productivo de la ciudad está sufriendo un golpe de una magnitud extraordinaria y todavía no se vislumbra con claridad dónde estará el límite.

Hay momentos en los que las cifras dejan de ser simples estadísticas y se convierten en una llamada de auxilio. Lo ocurrido en Ceuta durante las últimas semanas es uno de ellos. Los 33 millones de euros de pérdidas calculados por la Cámara de Comercio dibujan una realidad que debería sacudir a todas las administraciones: el tejido productivo de la ciudad está sufriendo un golpe de una magnitud extraordinaria y todavía no se vislumbra con claridad dónde estará el límite.

Los datos explican por sí solos la gravedad de la situación. El comercio ha perdido más de la mitad de su facturación, la hostelería afronta un descenso similar y el turismo se ha hundido hasta niveles próximos al 90 %. Pero el problema no termina en las cajas registradoras. Tres de cada cuatro empresas han tenido que tocar sus plantillas y en la hostelería prácticamente nueve de cada diez negocios han adoptado medidas laborales. Es decir, la crisis ya ha entrado en los hogares y amenaza directamente al empleo.

Y existe otro daño que no aparece en los balances empresariales. La Cámara calcula en 170,1 millones de euros el impacto relacionado con la pérdida de imagen y confianza. Puede discutirse la metodología o advertirse que no es una cantidad equiparable a las pérdidas económicas directas, pero sería un error ignorar lo que representa. La confianza de quienes quieren visitar, invertir o desarrollar un proyecto en Ceuta puede tardar años en recuperarse. La reputación de una ciudad también forma parte de su economía.

Quizá el dato más revelador sea que ocho de cada diez empresas sitúan la seguridad como su principal preocupación. No están reclamando únicamente dinero para resistir el golpe. Están reclamando las condiciones necesarias para poder trabajar. Las ayudas directas, solicitadas por el 78 % del tejido empresarial, pueden aliviar las consecuencias, pero ninguna subvención puede sustituir indefinidamente la normalidad, ni devolver por sí sola a los clientes, los turistas y los inversores que han decidido mirar hacia otro lado.

Ceuta se encuentra ante una encrucijada. Puede limitarse a contabilizar daños y repartir compensaciones o puede asumir que está ante una emergencia que exige una respuesta extraordinaria y sostenida. Recuperar la seguridad, garantizar la actividad económica, preservar el empleo y devolver a la ciudad la confianza perdida no son objetivos secundarios: son condiciones imprescindibles para que Ceuta pueda seguir avanzando. Porque los 33 millones conocidos son ya una factura insoportable, pero mucho más caro sería acostumbrarnos a una ciudad que pierde empresas, oportunidades y población económica mientras las soluciones llegan tarde.

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Ceuta, Lunes 31 de Agosto del 2026

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