En el apasionado mundo del fútbol, las emociones tienden a dividir a los aficionados en extremos. Un fenómeno que no escapa a nuestra querida AD Ceuta. Hay quienes, ante cualquier crítica constructiva, ya sea sobre el juego o la gestión del equipo, se apresuran a saltar a la defensiva, como si cualquier observación fuera un ataque directo a la esencia de lo que significa ser un verdadero aficionado. Nos encontramos con esos "ceutíes de pura cepa", que monopolizan el amor por el equipo, que cuando se les cuestiona o se sugiere que las cosas pueden mejorarse, responden con frases hechas: “En mayo hablamos”, “Las cuentas las hacemos al final”, o “Si ladran, cabalgamos”. Estos clichés no aportan nada a la conversación ni al progreso del equipo.