Hay lugares donde trabajar se parece más a resolver un acertijo que a cumplir con tus obligaciones diarias. Eso es justo lo que está pasando con el caos organizativo de Servilimpce: nadie sabe a quién dirigirse, con quién hablar ni qué decisión tomar. Lo que debería ser una estructura clara se ha convertido en un laberinto donde cada puerta lleva a otra aún más confusa.
