El ser humano, en su afán de ser superior al resto, ha sido capaz de cometer las más grandes atrocidades. No le ha temblado el pulso cuando ha sido necesario eliminar a otros iguales con el fin de ser dueño y señor de todo lo que hay a su vista. Para ello se ha valido de las diferencias, casi siempre infundadas sin lógica alguna por personas con mucho peso dentro de un grupo.

