La entrada de capital privado en las arcas de la Organización Mundial de la salud por parte del magnate Bill Gates y de corporaciones transnacionales, sobre todo farmacéuticas, hacen que las políticas de salud estén condicionadas. No es entendible que sus estatutos recojan que el dinero para financiarla ha de provenir de los gobiernos que la componen, y que actualmente sean entidades privadas las que aportan la mayor cantidad de los fondos.

