El miércoles de la semana pasada, el CEIP Ramón y Cajal quedaba clausurado por la Dirección Provincial del MEFP, “hasta nueva orden”. Familias, profesorado y opinión, recibieron la noticia con la perplejidad propia de quien no concibe tan inexplicable quiebra de la cotidianidad. Sin embargo, la sorpresa no es tal para quien se haya tomado la molestia, alguna vez (y por cualquier motivo), de analizar cómo ejecuta el Gobierno de la Ciudad su competencia de “mantenimiento y conservación de los colegios de primaria” (inicialmente de aquellos que son propiedad de la Ciudad y, posteriormente, por decisión de la Ciudad, de todos).
