En una democracia consolidada, como la nuestra, es un hecho significativo e importante la abdicación del Rey y la proclamación del nuevo Monarca, pero absolutamente normal. Sería anacrónico y fuera del orden constitucional pensar que este hecho cuestiona o rompe la normalidad constitucional, después de varias décadas de nuestra vigente Constitución, que soberanamente nos otorgamos las ciudadanas y ciudadanos de este país.
