Hay momentos en los que por más que lo intento no logro entender el complicado mundo de la política, sin que eso signifique que ésta no me apasione. Pero la pasión no es ceguera, porque cuando eso se produce terminas convirtiéndote en una máquina de respuestas automáticas a la orden de quién te lidera o sumida en un pozo exclusivo de ideas propias que nada tienen que ver con el bien común. Luchar por las minorías, también, no es lo mismo que gobernar para la minoría y olvidarse del reto colectivo. Es un juego de combinaciones que deben de nacer en la intuición, en el razonamiento, en la empatía y, sobre todo, en el sentido común.
