Así como el hombre está de peregrinaje, también lo está el alma. Lo que significa que ella tiene siempre también la facultad de decidir qué camino quiere seguir. El alma se esmera ya sea por llegar pronto al Hogar eterno, al macrocosmos de materia sutil, o bien permanecer durante largo tiempo como alma en un nivel de purificación que corresponda a su intensidad de irradiación. También tiene la libertad de volver a encarnarse. No importa por cual se decida, ella está siempre rodeada de lo que le impuso el que antaño fue su ser humano, es decir aquello que aún no está purificado, lo que no está saldado como culpa.
