En este país todos tenemos la fea costumbre de acordarnos de Santa Bárbara solo y únicamente cuando truena y eso es justo lo que está pasando con el dichoso coronavirus.
En este país todos tenemos la fea costumbre de acordarnos de Santa Bárbara solo y únicamente cuando truena y eso es justo lo que está pasando con el dichoso coronavirus.
Reconozco mi cada vez mayor, si cabe, admiración por los profesionales de la información. Sintetizar en unos pocos párrafos situaciones complejas y de interés social es casi conseguir la transmutación de la materia. Intentaré una vez más participar de este proceso de alquimia. “Esta es la verdad, lejana de cualquier velo de falsedad”. De la “Tabla de Esmeralda” texto breve atribuido Hermes Trismegisto.
Créanlo, la no vigilancia es la causa que más afecta y padecen los ciudadanos y la que más daño le está produciendo. Quienes nos gobiernan, quienes dirigen nuestro ayuntamiento, en cualquier momento de su etapa política, tienen la obligación de denunciar aquello que no consideran legal, no admitir nada que vulnere las normas, la ley. Está prohibido mirar para otro lado.
Ayer vimos perplejos como Ortega Smith daba como positivo del virus Coronavirus, llama mucho la atención como ya enfermo estaba ahí los siervos de don Pelayo, con el entusiasmo de celebrar toda su fiesta fascista
Mientras en Italia aislaban barrios enteros y se cancelaba el carnaval de Venecia en España el director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias nos decía el 31 de enero que “España no va a tener mucho más allá de un caso diagnosticado”. Ha día de hoy, un mes después de las declaraciones de la primera autoridad médica de nuestro país en emergencias sanitarias, llevamos ya unos 1.300 casos diagnosticados en España lo que nos coloca entre los diez países con más número de infestados en el mundo.