Cada noviembre, como si fuera una fiesta obligatoria, el Black Friday inunda nuestras vidas. Los anuncios prometen descuentos irresistibles, las tiendas llenan sus escaparates de carteles negros y rojos, y el bombardeo publicitario nos grita al oído que este es el mejor momento para comprar. Pero, ¿es realmente así? Lo cierto es que detrás de esta campaña global se esconde, en muchos casos, una farsa que nos vende humo con el único fin de vaciar nuestras carteras.