Cada año, con la llegada de alguna fiesta musulmana oficial incorporada al calendario laboral, se repite el mismo enredo: todos cierran ayer, el día señalado en la agenda, para respetar la festividad, y resulta que el día de verdad es hoy. ¿Y ahora qué? ¿Volvemos a cerrar o hacemos como si nada y se vuelve a trabajar? Este lío se ha convertido en una costumbre incómoda que genera confusión y malestar entre empleados, empresarios y la sociedad en general.