Lo que está ocurriendo con los trabajadores del Hotel Puerta de África no tiene nombre. Una plantilla que ha sostenido durante años un servicio público esencial en la ciudad está siendo tratada con un desdén impropio de cualquier administración que se llame responsable. El Gobierno local juega al despiste, mareando la perdiz con propuestas llenas de lagunas y sin garantizar lo más básico: que nadie pierda ni un euro de su salario ni se vea relegado a un limbo laboral.