No es nada nuevo si aludimos a los problemas que se encuentran todas las sociedades municipales en nuestra ciudad con la contratación pública.
No es nada nuevo si aludimos a los problemas que se encuentran todas las sociedades municipales en nuestra ciudad con la contratación pública.
El sindicato Solidaridad trasladaba este sábado su “profunda preocupación” ante las recientes declaraciones del máximo responsable del Ingesa en las que se afirma que Ceuta es el área sanitaria “mejor dotada” en Salud Mental de toda España.
Ceuta empieza a parecerse demasiado a un manual de cómo no gestionar lo público: cuando la norma estorba, se rodea; cuando un nombramiento no encaja, se maquilla; cuando llega una sentencia, se busca otra puerta. Y en el centro de ese patrón está Juan Vivas Lara.
En una empresa pública, el poder no debería “emanar” del pasillo, del miedo o del “yo mando aquí”, sino del nombramiento válido y de las competencias legalmente atribuidas. Cuando alguien actúa como si ostentara un cargo que no tiene —firmando, ordenando, autorizando gastos, dando instrucciones o adoptando decisiones fuera de su marco— no estamos ante un simple desorden interno: estamos ante un riesgo institucional que contamina todo lo que toca.
El nombramiento de Fernando Ramos como gerente de Obimasa no es un hecho aislado ni una anécdota administrativa: es la enésima escena de una película que en Ceuta conocemos demasiado bien. La del poder que se siente cómodo en la penumbra, que confunde dirección política con propiedad privada y que actúa como si el marco legal fuera un estorbo que se esquiva, no una garantía que se respeta.