La política exige algo más que ocupar un cargo: exige resultados, rigor y, cuando se falla gravemente, asumir responsabilidades. La pérdida de 3,8 millones de euros por ineficacia no puede despacharse con excusas improvisadas ni con argumentos que no resultan creíbles para nadie. Cuando se pierde dinero público por mala gestión, no estamos ante una simple torpeza administrativa, sino ante un fracaso político de primer nivel.
