Después de cuatro años sin Gala del Deporte, volvió el pasado jueves por la noche una edición que no nos dejó indiferentes ni queremos dejar pasar. Un acto poco y mal organizado que difícilmente puede calificarse de Gala y que no justificaba para nada los requisitos de “etiqueta” exigidos a los invitados e invitadas. Una presentación “cutre” que no puede justificarse con un presupuesto contenido: ¿nadie sabe hacer algo “decente” sin gastar “mucho”? El acto se desarrolló sin que nadie tuviera muy claro qué tenía que hacer, dónde colocarse y cuándo había terminado su papel sobre el escenario. Si el Gobierno de la Ciudad quería hacer un “homenaje” a los deportistas de la Ciudad, se quedó muy corto. De hecho, el acto ha pasado sin pena ni gloria.
