Guste o disguste, toda gran obra de arte, de cualquier arte o género, sea de Oriente o de Occidente, del Norte o del Sur, de ayer o de hoy o de mañana o de antesdeayer, siempre tiene además de la formalidad-estética, lleva un contenido religioso o espiritual o trascendental o metafísico. Lo vemos en Chauvet, en la Capilla Sixtina, en Altamira, en el arte mal llamado primitivo, en el arte Otro, y desde luego en el arte de Rouault. Y esto es lógico, porque el ser humano, intenta no solo plasmar lo superficial de la realidad, humana o social o naturaleza, sino también el mayor hondón de si mismo, el hondón del alma, como diría Teresa de Ahumada. Buceemos en este artista, para nadar-sumergirnos en lo más profundo de nosotros mismos como individuos, y de la sociedad-humanidad-totalidad y de la Naturaleza.
