Lo de Santa Catalina no es un simple fracaso de gestión; es un símbolo indecente de cómo se malgasta el dinero público sin que nadie asuma responsabilidades. Pedro Sierra (que se quito de en medio a Cantabria) y Juan Vivas (que sigue siendo el Presidente) no pueden seguir escondiéndose tras promesas vacías, maquetas bonitas y anuncios grandilocuentes. Si en 2003 se vendió a los ceutíes la transformación del antiguo vertedero en un gran parque, y en 2011 comenzaron unas obras llamadas a convertirse en “hito medioambiental”, quince años después el balance es demoledor: más de 15 millones invertidos para entregar a la ciudad un espacio deteriorado, con mobiliario en mal estado, alumbrado deficiente y riesgos evidentes para los ciudadanos.
