Huyen por necesidad. Escapan de conflictos armados o de otras situaciones de vulnerabilidad como la persecución por motivos de género, orientación sexual, ideología, raza o religión que incluso llegan a poner en peligro sus vidas y las de sus familias. Y al llegar al país de destino se encuentran con graves problemas, fundamentalmente, por haber perdido sus redes de apoyo, pero también por desconocimiento del idioma y de las normas y pautas de funcionamiento de la sociedad de acogida. La crisis económica en nuestro país dificulta especialmente su proceso de integración por la práctica imposibilidad de acceder al mercado laboral. Lo que les aboca a una nueva situación de extrema vulnerabilidad y riesgo de exclusión social.
