Es difícil mirar hacia otro lado cuando uno ve cómo alguien cercano, como Javi Guerrero, sufre injustamente. Hospitalizado, con la fuerza puesta únicamente en seguir vivo, es imposible no sentir indignación. Lo que le han hecho pasar no tiene justificación y, sin embargo, parece que algunos siguen empeñados en hacerle daño. Hay personas malas, o muy malas, que no han entendido el límite de la crueldad humana.