Vivir en Ceuta no debería ser un factor de riesgo para la salud ni un obstáculo para el desarrollo académico. Sin embargo, al finalizar este 2025, la sensación de ser ciudadanos de segunda clase en el acceso a servicios básicos sigue instalada en el ánimo de los ceutíes. La insularidad terrestre que define a nuestra ciudad exige un compromiso que vaya más allá de las palabras: exige un blindaje real de nuestra Sanidad y nuestra Educación.