Lo de Obimasa ha abierto una herida que no deja de crecer. Ya no se trata únicamente de un proceso concreto ni de unas notas que han levantado sospechas. El problema es otro: la sensación cada vez más extendida entre muchos ciudadanos de que en determinadas empresas municipales siempre pasan cosas parecidas y de que nadie parece dispuesto a llegar hasta el final para aclararlas.