Vivimos tiempos inciertos, donde los conflictos de intereses parecen ser más importantes que la paz misma. A medida que el mundo enfrenta problemas cada vez más complejos, es alarmante observar cómo las guerras suelen ser alimentadas por un pequeño grupo de poderosos que ven en el caos una oportunidad de negocio. Con fábricas de armamento que desbordan estanterías y un mercado bélico en plena expansión, parece que lo urgente es hacer caja a cualquier costo, sin importar las consecuencias. Esta realidad es especialmente visible en países como Estados Unidos y Francia, donde el sector armamentista tiene una influencia desmedida en la política exterior.
