Los mensajes de WhatsApp atribuidos al presidente del Gobierno, en los que tilda de hipócritas a sus propios barones y afirma que “hay que marcarles”, no solo revelan un estilo de liderazgo autoritario, sino que suponen una degradación del debate político y del respeto institucional. En un país como España, donde la democracia ha costado décadas consolidarla, resulta bochornoso que el jefe del Ejecutivo caiga en descalificaciones propias de una conversación de barra de bar, más que de un Consejo de Ministros.
