Ceuta vuelve a quedar en evidencia con un incumplimiento que no es menor: la enseñanza de la lengua de signos en los centros educativos sigue sin aplicarse como marca la ley. No estamos hablando de un capricho ni de una actividad extraescolar prescindible, sino de un derecho básico que afecta a la inclusión, la igualdad de oportunidades y la dignidad de muchas personas.